Hola Juan Carlos,
Por otro lado habría que afrontar profundamente el miedo
Quizá sea la razón más de fondo para no seguir avanzando en la exploración y llegar hasta el final y me gustaría afrontarlo de nuevo en profundidad. No sé por qué permanece el miedo tan activo, pero quizá una razón sea la de seguir creyendo en el fondo que el pensamiento necesita un "protagonista" para dotarle de la coherencia y la dirección adecuada para desenvolverse por el mundo con la sensatez necesaria. Lo peor que podría pasar supongo que sería sólo que algunas cosas quizá no se harían del modo pertinente, pero también es cierto que, si esto sucediera, se podría corregir el rumbo del timón porque la cordura permanecería inafectada
El objetivo del siguiente ejercicio es descubrir si la función / facultad de elección puede realmente ser encontrada o confirmada en la experiencia real.
La idea de “hacer elecciones” es un ejemplo muy claro de una función que erróneamente identificamos como base de nuestra identidad.
Esto es lo que se necesita:
Una silla, una mesa y dos bebidas diferentes. Las bebidas pueden ser café, té, leche, agua, jugo, vino, o lo que prefieras.
Preparación:
Coloca las 2 bebidas, una al lado de la otra, en la mesa frente a ti, siéntate cómodamente en la silla y etiquétalas mentalmente como “bebida A” y “bebida B”.
Experimento - Encontrar la función de elección:
Haz algunas respiraciones, relájate…
1. Mira a la “bebida A” y a la “bebida B”. Piensa en sus respectivas cualidades, lo que te gusta de ellas, compáralas y piensa en los pros y contras de cada una. Ve si se manifiesta una preferencia por una o por otra.
2. Cuenta hasta 5.
3. Elige una de las bebidas. Agárrala y toma un sorbo.
Preguntas:
Recuerda que estamos buscando algún tipo de función, un algo, un “yo” que esté haciendo la “elección”.
En el paso 1, al pensar en sus respectivas cualidades, ¿”elegiste” las cualidades? ¿O aparecieron por sí solas?
Si se manifestó alguna preferencia, ¿”elegiste” esa preferencia? ¿O surgió por sí sola?
En el paso 2, cuando contaste hasta 5, si las preferencias pasaron a un “segundo plano” mientras los números se mantuvieron “al frente”, ¿elegiste” esta secuencia de eventos? ¿”Elegiste” apagar las preferencias para dar paso al conteo? ¿Experimentaste directamente una función mental o facultad que “eligió”? ¿Has visto esta función en acción?
En el paso 3, cuando “hiciste la elección”, ¿realmente presenciaste o experimentaste directamente una función mental o facultad de “hacer la elección”? ¿Surgió algo que anunciara “yo soy el que elige”? Si es así, ¿cómo es esta función?
A veces describimos esta “sensación de elección” como un sentimiento: se siente como si “yo” hubiera hecho la “elección”. Pero la pegunta es, ¿puede un sentimiento “elegir”? ¿Es la naturaleza de un sentimiento “elegir”?
Juan Carlos, ¿alguna vez has “elegido” algo?
¿Alguna vez hubo “coherencia” en “tus decisiones?
¿Alguna vez “elegiste” una “dirección” o “corregiste el rumbo del timón”?
Enumera todo lo que “elegiste” desde hace 20 años hasta hoy. Investiga, describe.
Esta es la parte más importante del ejercicio.
Un abrazo